domingo, 18 de septiembre de 2016

Al otro lado de la mesa

No había noche que no nos sentáramos en el comedor para cenar juntos y contarnos cómo nos había ido el día.

Yo me quejaba de mi trabajo y ella intentaba animarme diciéndome que por lo menos yo tenía uno. Me encantaba cómo podía sacarle el punto positivo a todo, a diferencia de mí, que era más bien una persona bastante pesimista.

También me gustaba hablarle de música, de series o películas, de viajes... Le contaba mi opinión sobre todo y soñaba en voz alta planeando nuestro futuro.

Yo hablaba y hablaba, y ella siempre me escuchaba.

No intervenía mucho, como podéis comprobar. Pero por el simple hecho de que no podía.


Ella no podía hablar porque, realmente, ya no estaba al otro lado de la mesa.

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