lunes, 1 de agosto de 2016

Ayer me acordé de ti

Ayer me acordé de ti.

Me acordé de las palabras tan horribles que me decías.
Me acordé de las veces que, en público, me humillabas.
Me acordé de cuando me mentías diciéndome que me amabas.

Me acordé de mis moratones y cicatrices.
Me acordé de la sangre en mis labios rajados.
Me acordé de las lágrimas que había derramado.

Ayer me acordé de ti, sí.
Pero no lloré por haberte dejado o por el tiempo malgastado.

Ayer no lloré porque, por primera vez, también me acordé de mí.

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