miércoles, 7 de octubre de 2015

La Cuarta Habitación

¡Hooola, trotamundos! ¿Qué tal? Hoy os traigo algo especial. El año pasado por estas fechas publiqué la historia The Fourth Room, escrita en inglés, que escribí con un amigo mío para un concurso de nuestro instituto (del que nos llevamos el segundo premio, por cierto), y que podéis leer haciendo click aquí. Así que hoy os la traigo de nuevo, ¡pero traducida al español! Se titula La Cuarta Habitación, y ocupa unas cuatro carillas de folio. También podréis encontrarla en mi cuenta de Wattpad. ¡Allá vamos!




Entonces, me arrepentí de no haber llenado el coche de gasolina. Todavía quedaba un buen trecho para llegar a Chester’s Ville, donde habíamos dicho algunos amigos de quedar para celebrar Halloween. Me encontraba en una carretera desconocida. La oscuridad se acercaba y yo no tenía ningún sitio donde dormir. Así que decidí echar un vistazo por si encontraba algún lugar donde pasar la noche. Caminé durante varias horas, era casi medianoche y no veía nada aún. De repente, vi una pequeña luz a lo lejos.

Aquel brillo parecía venir de una pequeña casa de campo. Así que me acerqué a preguntar si podía quedarme allí. Las ventanas estaban sucias y los barrotes cubiertos de moho. Las paredes necesitaban una mano de puntura y la puerta de madera se encontraba desgastada. Sin embargo, pensé que hace muchos años debería de haber sido una casa preciosa. Entonces, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Pulsé el timbre y no escuché nada. Llamé a la puerta. Nadie abría, así que llamé de nuevo.

Después de esperar un rato, entré en la casa por mi propia cuenta. Ya sabía que estaba mal, era un claro allanamiento de morada. Pero, ¿qué otra opción tenía, congelarme allí fuera? Afortunadamente, pude abrir la puerta sin dificultad, ya que no estaba cerrada con llave. No se escuchaba nada, ni siquiera pude oír cómo la puerta chirriaba al abrirse. Raro, ¿verdad? Al momento, pensé que debería haberme comprado uno de esos smartphones que tienen de todo, una potente linterna entre otras cosas. Pero mi móvil no funciona bien, así que tuve que agudizar la vista.

Reconocí algunas siluetas de muebles, y sobre ellas noté la sombra de una lámpara que se hallaba a unos pocos pasos de mí. Después de enchufar el cable, la lámpara se encendió. La luz era débil. Parecía que la bombilla iba a agostarse de un momento a otro. El estrés crecía, ahora podía ver cualquier elemento de aquella misteriosa casa. Estaba viendo los muebles poco a poco, girando la cabeza lentamente. Entonces, le vi. Un niño a lo lejos completamente quieto enfrente de la puerta, sin saber qué hacer. El chico tenía la cara pálida, su pelo era rubio y tenía los ojos de un tono azul grisáceo. Pestañeé un par de veces y el chico desapareció. Aun así, yo sentía su presencia. Rápidamente giré mi cabeza para buscarle y le vi de nuevo en otra parte de la habitación.

-          Pe-perdón, ¿es esta tu casa? –le pregunté, tartamudeando. Después de un tiempo, el chico no habló. Así que repetí la frase, perplejo por la situación- Muchacho, ¿estás bien? –fui hacia él con la intención de colocar mi mano en su hombre. Sentí frialdad en su cuerpo. Y cuando estaba a punto de tocarle, se giró bruscamente y se disolvió en la nada.

Pensé que había sido mi imaginación, ya que estaba agotado. Así que ignoré lo que acababa de pasar y fue hacia un cuarto para descansar después de ver el resto de la casa. Subí las escaleras y encontré un pasillo que daba a varias habitaciones. Entré en una de ellas y vi una cama al lado de una ventana con cortinas blancas que dejaba entrar la gélida brisa de la noche. Ya solamente me acuerdo de haberme tumbado en la cama para entrar en un profundo sueño.

Risas infantiles podían escucharse débilmente en mi cabeza. No hacía frío, el ambiente estaba bastante templado. Pensé que todo era un sueño. Escuché un fuerte golpe cercano a mí, y me desperté. Vi la ventana cerrada. Decidí incorporarme. No podía creer lo que mis ojos estaban viendo. ¿Qué había pasado? Recuerdo, a pesar de mi falta de sueño, que la habitación no era igual que hace un par de horas. Me levanté y vi una sombra por debajo de la puerta. Me quedé helado. Lentamente, giré el pomo para abrirla, y me encontré al mismo niño. Sin hablar, me dijo que le siguiera hacia el salón. La chimenea estaba encendida y yo la apagué. Hacía un calor insoportable.

-          Enciéndela de nuevo –me dijo el chico con una voz débil, que hizo que me quedara desconcertado.
-          Vale. Pero prométeme que me dirás que está pasando en esta casa –el chico asintió, así que me dirigí hacia la chimenea para hacer lo que me había pedido-.

Me senté silenciosamente en el sofá. Después de una larga pausa, empecé hablando yo, ya que el chico no tenía intenciones de decir nada.

-          Me llamo Thomas Johnson –dije-. ¿Cuál es tu nombre, muchacho? ¿Qué edad tienes?
-          Mi nombre es Peter, tengo diez años –me contestó-.
-          ¿Y vives solo? –me atreví a preguntar. El chico se encontraba en silencio.
-          Me dijeron que iban a hacer unos recados. Pero tardaron una eternidad. Esperé una hora, dos, tres… Los días iban pasando. Entonces me di cuenta de que no iban a volver.
-          ¿De quiénes estás hablando? –pregunté, creyendo saber ya la respuesta.
-          De mis padres –el chico miró hacia el techo, pero luego volvió lentamente la mirada hacia abajo hasta posar sus ojos en mí-. Pero ellos no quieren que les llame así. Nunca me han querido.
-          ¿Tus padres no te querían? –el chico negó con la cabeza- No digas eso. Todos los padres aman a sus hijos.
-          Te equivocas –dijo confiado -. Ellos no fueron de compras. ¿Qué clase de persona se lleva una maleta al supermercado?

Me di cuenta entonces de que el chico parecía muy inteligente, pues tenía un amplio vocabulario a pesar de solo tener diez años.

-          Bueno… –yo no sabía qué responder- ¿Pero cuándo te abandonaron? ¿No has llamado a nadie desde entonces?
-          Ni siquiera me acuerdo, creo que he perdido la noción del tiempo –en ese mismo momento, escuché un ruido que venía de la planta de arriba-.
-          ¿Qué era eso?  -pregunté asustado.
-          Oh, no… Otra ventana abierta –dijo mientras subía hacia arriba-.

Yo no entendía nada. Una pareja a la que no le gustan los niños pero aun así tienen uno, un niño raro pero inteligente, una misteriosa casa donde las ventanas se abren solas… Si los padres de Peter se han ido, ¿por qué Peter seguía aquí? ¿Nadie había visitado la casa desde que se marcharon? Mi cabeza daba vueltas sin parar. Tenía que descubrir qué era lo que estaba pasando.

El chico volvió tras unos pocos minutos. Se sentó de nuevo en el asiento como si nadie fuera mal.

-          ¿Tienes alguna obsesión con las ventanas abiertas? –pregunté.
-          Mamá siempre me decía que las cerrara. Ella quería protegerme del frío.
-          Pero dijiste que tus padres no te querían, ¿no?

Yo ya empezando a desesperarme. ¡Peter se estaba contradiciendo a sí mismo! Estaba jugando conmigo. Pero si quería enterarme de todo, tenía que tranquilizarme.

-          Ella siempre me quiso. Solía comprarme juguetes y cocinarme mis platos favoritos… Yo la quería y ella me quería a mí. Hasta que apareció él. Mamá se casó. Él nunca me quiso, lo sé. Y yo tampoco le quería a él. Todo era una competición. Y el premio era mamá. Los dos teníamos que demostrar quién era el mejor para ella. Pero un pequeño niño con una cara bonita no podía competir con un hombre que tenía dinero. Mamá me seguía queriendo, pero ya nada era lo mismo. Todo había cambiado. Hasta que un día, se marcharon. Y desde entonces no les he vuelto a ver. Cómo la echo de menos. Todavía puedo recordar su olor cuando me abrazaba, o su dulce voz cuando me cantaba nanas para dormir –me estremecí al escuchar eso, y luego una lágrima se deslizó por la cara de Peter-.

Peter empezó a llorar, así que decidí consolarle. Cuando intenté posar mi mano en su hombro, mi brazo atravesó su pequeño cuerpo. Entonces me di cuenta de todo. Lo que había pasado anoche no fue fruto de mi imaginación. ¡Peter es un fantasma! Le miré asombrado.

-          ¿En serio? –le pregunté. El chico asintió- ¿Los fantasmas existen?
-          Ahora mismo estás frente a uno –me respondió-.
-          Pe-pero, ¿cómo es eso posible? –me estaba poniendo nervioso. No hay fantasmas… Los fantasmas no existen… –me repetía a mí mismo una y otra vez.
-          Relájate, Thomas. Claro que los fantasmas existen. Porque me estás mirando, ¿no? –el niño hizo una pequeña pausa- Cuando morí, todo estaba oscuro. Era como si estuviera durmiendo. No sentí nada. Hasta que desperté y volvía a encontrarme bien. La gente se cree que hay un gran misterio después de la muerte, pero es más fácil de lo que piensan. 

Peter siguió explicándome cosas. Cada vez llegué a entender mejor y mejor el punto de vista de un… fantasma. Luego, empezamos a contarnos mutuamente nuestras experiencias. ¿Quién habría pensado que yo, Thomas Johnson, iba a hacerme amigo de un fantasma? Después de estar hablando un tiempo, decidí preguntarle por gasolina. Me lo estaba pasando bien con Peter, pero necesitaba salir de esa casa. Me había perdido Halloween por culpa del combustible y la batería del móvil.

-          Por cierto, Peter –le dije-. Sabes por qué estoy aquí, ¿verdad? –Peter asintió- Anoche tenía que quedar con mis amigos, pero no pude. Aunque ha sido impresionante conocerte, debo irme. ¿Puedes conseguirme algo de gasolina? –cuando dije eso, su cara cambió.
-          ¿Cómo esperas que un fantasma tenga gasolina en su casa? –me preguntó.
-          Yo solo preguntaba… –le contesté asustado ante su respuesta.

El chico se ofreció a enseñarme el resto de la casa. Él quería cambiar de tema, aunque yo aún lo tuviera en mi mente. Parecía feliz al tener visita.

-          Después de ti –me dijo educadamente al subir las escaleras.

Nos encontrábamos en el mismo pasillo, donde había cuatro habitaciones. Una de ellas era el cuarto donde dormí antes y Peter me dijo que era su dormitorio. Al lado de ésta, había un cuarto de baño un poco anticuado. La tercera habitación, enfrente de la primera, era el cuarto de los padres de Peter, donde había una cama de matrimonio rota.

-          ¿Y ésta, Peter? –le dije señalando a la cuarta. Era una puerta de madera desgastada. Tenía una cerradura metálica enorme. Inexplicablemente, ésta no estaba oxidada.
-          Emm… En ese cuarto es donde yo solía jugar. Nada especial. Además, mis padres tienen la llave, y desde entonces no he podido volver a entrar –me dijo el chico vacilando.
-          Ah, bueno… Entonces… Volvamos al salón… –respondí no muy convencido. Sospechaba que había algo escondido dentro. La curiosidad me invadía.

Oscureció temprano y se pasó rápido el tiempo. Los dos nos fuimos a la cama. Bueno, al menos yo sí. ¿Los fantasmas duermen? Me olvidé de preguntarle cuando hablábamos.
-          Hasta mañana, Thomas –me dijo Peter con una sonrisa en su rostro.
-          Eh... Claro… Buenas noches… –le contesté. Me metí en su vieja habitación y él se iba al salón, pero no podía dormir. No me quedé tranquilo. Necesitaba saber qué estaba escondiendo esa cuarta habitación. Me pasé como treinta minutos intentando dormir.

Era medianoche. El silencio reinaba en la casa. Peter no daba ninguna señal de vida. Entonces, a pesar del miedo que intentaba paralizar mi cuerpo, me levanté. Paso a paso, sin hacer ruido, me dirigí hacia la puerta. Giré el pomo lentamente y vi una parte del pasillo. De repente, un sonido me paralizó. La misma ventana que escuché anoche se abrió de golpe. Sentí que me iba a dar un ataque al corazón. Entonces, apareció Peter.

-          ¿Qué estás haciendo aquí, Thomas? ¿A dónde se supone que vas? –me preguntó.
-          Bueno… Había escuchado la ventana… Pensé que debía avisarte.
-          Ah… Vale… -él estaba bastante perplejo- Sería mejor que volvieras a la cama, yo me ocupo de cerrar la ventana –me dijo mientras entraba en el dormitorio.

Volví a acostarme. Estaba absolutamente aterrorizado. Pero no iba a rendirme. Más tarde, decidí volverlo a intentar. Me levanté de la cama y me aseguré de que la ventana no estaba abierta. Todo estaba en orden. Fui hacia el pasillo. Peter no rondaba por allí. Así que me dirigí hacia aquella cuarta habitación tan misteriosa. Fui caminando silenciosamente, intentando no hacer ningún ruido. Increíblemente, la puerta estaba medio abierta. ¿No había nadie allí? Me asomé por el agujero de la cerradura.

La habitación estaba oscura. Entonces, vi algo aterrador. Dos cuerpos adultos casi descompuestos yacían en una esquina. Peter les miraba mientras se reía bastante fuerte. Era la misma risa infantil que escuché anoche. Un gran escalofrío recorrió mi cuerpo. Pero la cosa más impactante era que en la otra esquina, vi el pequeño cuerpo de Peter, sosteniendo un cuchillo en su mano derecha. Yo estaba aturdido. Solamente pensaba en salir corriendo de allí. Y eso es lo que hice. No me importó el ruido. Corrí y no mire hacia atrás. Pero Peter me escuché y vino detrás de mí.

-          ¡Thomas! ¡Qué demonios estás haciendo! ¡Vuelve aquí, idiota! –me gritaba él sin parar. Yo seguía corriendo. Hasta que tropecé en el último escalón. Fue un buen golpe. Peter casi me alcanzaba. Pero me levanté rápidamente.

Gracias a Dios, Peter no me atrapó y yo pude salir de allí vivo. Y desde entonces, no he vuelto a escuchar nada más sobre la casa. Pero aún recuerdo aquella cuarta habitación tan misteriosa…




Y bueeeno, amigos,¡ hasta aquí la entrada de hoy! Espero que os haya gustado y sí es así no os olvidéis de compartirla. También podéis haceros seguidores del blog si aún no lo habéis hecho. Así que nada, ¡nos vemos pronto! Y, hasta entonces, recordad, sed felices siendo trotamundos.

2 comentarios:

  1. Ya conseguí seguirte :)
    Me ha encantado el relato, la verdad, da bastante mal rollo...
    ¡Un besito!

    perdidaentrenovelas.blogspot.com.es

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    1. Ah, pues muy bien, ¡gracias!
      Y me alegro de que te guste, jaja.

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