viernes, 21 de agosto de 2015

La canción

Me encuentro en el asiento trasero del coche, junto a la ventanilla derecha, mirando en silencio a las estrellas. La radio suena. De repente, cuando acaban los anuncios, empieza a sonar una melodía familiar. Así que me doy cuenta. Es aquella canción. Nuestra canción. Entonces, el cajón de mi mente que había estado tanto tiempo cerrado con llave se abre, permitiendo así que todo lo que había en su interior salga a borbotones cual sangre de una herida abierta. La voz masculina va cantando la letra de la canción, de esa manera que tanto nos encantaba a los dos.

En apenas unas milésimas de segundo, el coche desaparece al igual que todo lo de su alrededor. Ahora estoy en una montaña. Hace frío, no puedo respirar. Y estoy sola. Siento una gran presión en el pecho, como si algo hiciera fuerza contra él. Seguramente sea el fuerte viento que hace, debido a la gran altitud en la que me encuentro.

De repente, el escenario cambia de nuevo. Las montañas se derriten, al igual que cualquier helado expuesto al sol. Todo se convierte en agua. Ya no hace viento, pero el cielo está gris y hay tormentas. Estoy en medio del mar. Sola, de nuevo. La presión del pecho se desvanece poco a poco. No puedo mover los brazos para nadar, siento como si hubiera estado días en el agua, me siento llena de cansancio y agotamiento. La sensación de ahogamiento va incrementando. Sé lo que quieren que pase. Pero no voy a hacerlo. "No lo hagas", me digo a mí misma.

Pero entonces ocurre. Abro los ojos y vuelvo a estar en el coche. La canción sigue sonando, apenas ha llegado a la mitad, pero esta vez hay algo distinto en el escenario. De mis almendrados ojos marrones brotan lágrimas continuamente, humedeciendo las mejillas al resbalar por mi blanca tez. No, joder, no. Estoy llorando. Mierda. Me prometí a mí misma que no lo haría, que pasara lo que pasara me mantendría invulnerable. Pero el corazón es libre y nunca ha ido acorde con el cerebro. Lo único que espero en este momento es que nadie se dé cuenta de lo ocurrido. Dejo que las lágrimas salgan tranquilamente, mientras yo pronuncio gritos ahogados, en silencio, mordiendo mi puño derecho para aislar aún más el sonido estremecedor de mis gemidos tan desconsolados.

Creía que lo había superado, pero hasta ahora no me había dado cuenta de que, al parecer, solo se encontraba en el olvido. Y ahora ha vuelto. Todos esos recuerdos junto a él, ahora me los imagino como si los hubiera disfrutado yo sola, como si sólo fuera un lejano sueño que ahora se encuentra en el pasado.

En la playa con los demás, corriendo para ver quién llegaba antes a la orilla, evitando las pequeñas piedrecitas antes de llegar, nadando hacia el fondo, haciendo tonterías en el agua... En las fiestas, esquivando a la gente, bailando hasta el amanecer, cantando y riendo, llegando destrozados a casa... En el instituto, dedicándonos miradas llenas de complicidad, deseando de que acabara la mañana para hablar de nuevo con tranquilidad... En el dormitorio, tumbados en la cama mirando el techo, planeando el futuro, abrazados formando un puzle perfecto, escuchando... escuchando...

Escuchando nuestra canción. Esa maldita canción. La canción donde la voz masculina iba cantando la letra de esa manera que tanto nos encantaba a los dos.


Julia Trotamundos
16/08/2015

<<Para ti, Ana, la única que no se da cuenta de que eres más fuerte de lo que parece.>>

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